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  • Dia de la Madre

    MI MADRE.

    ¡Qué dulce es tu recuerdo, madre mía!
    En corazón y mente se entremezclan,
    Memoria tuya, lánguida armonía,
    Y cálida nostalgia me penetra.
    .
    ¡Qué fuerte y cariñosa siempre era!
    Su voz amable todo lo calmaba,
    Firmes y suaves eran sus consejos,
    Su clara vista todo lo apreciaba.


    Primera en allanar y buscar calma,
    Piadosa disculpaba y perdonaba;
    La paz en ella era cotidiana,
    Cariño suyo a nadie le faltaba.
    .
    Tus hijos disfrutaban tu presencia,
    Tu blando amor, buscaban a tu vera,
    Teniendo en tí el apoyo y el reposo,
    Más fuerte cuanto más humilde era.
    .
    ¡Tan frágil fuiste tú tan comprensiva!
    Tan tierna, tan pacífica y afable,
    Que no supimos ver en tu pureza
    La noble y gran modestia inagotable.
    .
    ¡Qué diario renunciar! ¡Qué dulce entrega!
    ¡Qué plácido escuchar, qué buena amiga!
    ¡Qué mansos ojos, cálidos y amables!
    ¡Qué tímida humildad! ¡Qué noble auriga!
    .
    De fuerte catedral era arbotante.
    De sólido crucero fue la clave,
    Del gran clan familiar el contrapunto,
    Del lago familiar era la nave.
    .
    Amada y muchas veces envidiada,
    Graciosa, con donaire muy pulido;
    Tan bella entre las bellas y galanas,
    Prudente donde hablaban comedido.
    .
    Sensible hasta la médula más honda,
    Despierta, aunque siempre fue discreta.
    Serena entre el rugir de las pasiones,
    Callada y escuchando siempre quieta.
    .
    Sufrió con quien sufría y quien lloraba,
    Fue noble, generosa, dadivosa…
    Su pan siempre comió con su trabajo
    Y madre supo ser… y tierna esposa.
    .
    ¡Qué sabios sus consejos dispensaba!
    ¡Qué de hondas confidencias recibía!
    Tal paz y amor constante derrochaba,
    Que todos de su lado en paz volvían.
    .
    Su plácida mirada arrulladora,
    Su voz serena a todos conciliaba,
    Su blando arbitrio en las rencillas era,
    La reconciliación siempre lograda.
    .
    No fuiste fantasía de poeta.
    Sí, humilde ingenuidad, amor y agrado.
    Así eras tú, poema de ternura.
    Bordón de apoyo en lucha contra el hado.
    .
    Su rústica cantiga arrulladora,
    Relatos gratos llenos de razones.
    Antiguos cuentos, gratos folletines,
    E historias que alegraban corazones.
    .
    Tus niños cobijaste con tus risas,
    Con ellos compartiste alegrías,
    Llenabas el hogar con tu presencia,
    Y siempre que fallaban, comprendías.
    .
    Fanal luciente fuiste ante tus hijos;
    Les diste orientación cuando buscaban,
    La buena compañera que algún día,
    A tí de alguna forma, asemejara.
    .
    Todos te amaron, hijos y parientes,
    Amigos todos de tu probidad;
    Eras consuelo en toda desventura
    Y sabia, administrando tu equidad.
    .
    Lisonjas mundanales no quisiste
    Y no nos enseñaste tal engaño.
    Glorioso tu lugar te preparaste,
    Confiando en Dios y a todos perdonando.
    .
    Letrada no quisiste ser; sí amante.
    A esposo y a tus hijos diste su vida,
    Mujer de agradecida no encontrara,
    Varón, entre sus brazos protegida.
    .
    Una entre mil; entre un millón tú eras.
    Yo en torpe glosa quiero ir desgranando
    Tu luz, tan suave, lúcida y graciosa,
    Que tímida nos fuiste derramando.
    .
    ¡Qué desazón! ¡Qué torpes son mis artes!
    ¡Que mórbidos y endebles mis esfuerzos!
    Ni en tinta en el papel pueden glosarte,
    Ni aciertan a expresar mis sentimientos.
    .
    Madrina del amor y la concordia;
    Un hada que nos dio su dulce gloria,
    Que supo perdonar y ser sincera,
    Llenando de nostalgias la memoria.
    .
    Ya no estás junto a mí, paloma amada;
    Pasando el discurrir por esta vía,
    En medio de los sueños y las luchas,
    Jamás se borrará tu tierna guía.
    .
    Al caminar por los caminos secos,
    Mi mente se refresca en tu recuerdo.
    De aquellos años que pasé contigo,
    Memoria hago, y olvidar no puedo.
    .
    Princesa de la paz: mi dulce madre,
    ¡Quién diera disfrutar de aquel pasado!
    Más ya con tu esperanza anticipaste,
    Gozosa tu reencuentro asegurado.
    .
    Librada, madre, adiós, tierna alma mía,
    Modelo de mujeres; no hay letrado
    Tan diestro en arte y en oficio experto,
    Que cante con justicia tal dechado.
    .
    Adiós, mi dulce amor ¡Hasta la vista!
    En Gloria ante mi Dios, en quien espero,
    En Cristo, en quién pusimos confianza,
    Celados compartiendo su consuelo.
    .
    Rafael Marañón 1997

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