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  • SIERRA NEVADA

     

    Oigo cantar los vientos de mi Sierra Nevada;

    La de nieves perpetuas e inefable balada.

     

    Su belleza  es inmensa, rotunda y colosal,

    Grandiosa su presencia, su perfil peculiar.

     

    Sus soberbias laderas anduvieron las recuas

    De mulas, abrumadas de cargas por sus sendas.

     

    Y los bravos neveros  que en las cimas soberbias

    Sacan el duro hielo de profundas cavernas.

     

    Y regresan cantando por profundas gargantas

    Hasta la seca urbe que su frescor aguarda.

     

    Audaces transitando por riscos y cañadas,

    Por senderos inciertos y abismales escarpas

     

    Pasando por la vida robando a la montaña,

    Su nieve para darle frescura a la solana,

     

    Desde altivos picachos y escabrosas laderas,

    Que ofrecen un festín de esplendor por doquiera.

     

    ¿Do está la limpia nieve? ¿Do los hielos se guardan

    Que aunque hondos y ocultos, esos neveros hallan?

     

    Gente ruda que brega;  y sus nieves heladas

    al monte le arrebatan y las roba a las cárcavas.

     

    Que se afana y escruta el hondo en la montaña,

    Cobrando con esfuerzo, botín de escarcha blanca

     

    Que Granada febril, anhela con nostalgia

    Y el frescor de la Vega, del álamo y la  acacia, 

     

    Acequias del Genil, regatos de la Alhambra,

    Que es delicada gema, y es reina de prosapia.

     

    Pues tan garbosa dama, de calinas tan ásperas

    No soporta rigores, que anulan su fragancia.

     

    Y un sol que cada tarde, mañana y madrugada,

    Marchita con sus rayos a la  olorosa albahaca.

     

    Que su fragancia encanta Sacromonte y Alhambra,

    Del Albaicín las calles en noches embrujadas

     

    Por finas azaleas de pulcra filigrana,

    Y radiantes claveles que a brunos ojos guardan.

     

    La sed y los ardores su blandura quebrantan;

    Sus efluvios fragantes, la sequedad apaga. 

     

    Deslucen los mensajes que desde las persianas

    Captan apuestos mozos que rondan las calzadas.

     

    Noche, luna y luceros, frescor de madrugada 

    Necesitan las rejas y cierres de Granada

     

    ¿Adonde irán los mozos, si en penumbra celada, 

    No aspiran el olor de búcaros y plantas?

     

    Que adornan entre nardos, los ojos de la amada,

    De abéñula anegados, y alguna vez, de lágrimas.

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    Comentarios

    Precioso poema!!

    Gracias por compartirlo con los amantes de Sierra Nevada.

    ——————

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