SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
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SÁBADO 8 DE DICIEMBRE. CICLO C
Gén 3, 9-15. 20; Sal 97,1-4.23; Ef 1, 3-6. 11-12; Lc 1,26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando a su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél. […]
María contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
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Convertíos, está cerca el reino de los cielos
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Domingo II del T. Adviento. Ciclo C
Ba 5,1-9; Sal 125,1-6; Flp 1,4-11; Lc 3,1-6.
«En el año décimoquinto del imperio de Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipo, de Iturea y Traconítide y Lisanias, de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, la Palabra de Dios vino sobre Juan, Hijo de Zacarías, en el desierto, que recorría toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión parala remisión de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:
“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los barrancos serán rellenados, los montes y colinas, rebajados; los caminos torcidos se enderezarán, los escabrosos se allanarán. Y todo hombre verá la salvación de Dios».
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Vosotros velad, estad despiertos
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Domingo I del T. Adviento. Ciclo C
Jr 33,14-16; Sal 24,4-5.8-14; 1 Tes 3,12-4,2; Lc 21,25-28.34-36
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol y la luna y las estrellas, las naciones estarán angustiadas en la tierra y enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje; y los hombres muertos de terror, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo, temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Velad, pues, en todo tiempo, orando, para escapar de todo lo que está por venir y comparecer ante el Hijo del Hombre».
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SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
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Tú lo dices: Soy Rey
Domingo XXXIV, Cristo Rey. T. Ordinario. Ciclo B
Dn 7,13-14; Sal 92,1-5; Ap 1,5-8; Jn 18,33-37
En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato replicó: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí: ¿Qué has hecho? Jesús le contestó: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo: Conque, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
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Mi reino no es de este mundo
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Domingo XXXIV. T. Ordinario. Ciclo B
Dn 7,13-14; Sal 92,1-5; Ap 1,5-8; Jn 18,33-37
En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato replicó: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí: ¿Qué has hecho? Jesús le contestó: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo: Conque, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
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El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán
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Domingo XXXIII. T. Ordinario. Ciclo B
Dn 12,1-3; Sal 15,5.8-11; Hb 10,11-14; Mc 13,24-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo.
Aprended lo que os enseña la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.
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Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo
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Domingo XXXI T. Ordinario. Ciclo B
Dt 6,2-6; Sal 17,3.4.7.47.51; Hb 7,23-28; Mc 12,28-34
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Respondió Jesús: El primero es: «Escucha, Israel, el Señor Nuestro Dios es el único Señor y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» No hay mandamiento mayor que éstos.
El escriba replicó: Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Jesús, viendo que había respondido sensatamente le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
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